miércoles

Lejos desde mi colina




A veces sólo era un llamado de arena en las ventanas,
una hierba que de pronto temblaba en la pradera quieta,
un cuerpo transparente que cruzaba los muros con blandura
dejándome en los ojos un resplandor helado,
o el ruido de una piedra recorriendo la indecible tiniebla de la medianoche;
a veces, sólo el viento.

Reconocía en ellos distantes mensajeros
de un país abismado con el mundo bajo las altas sombras de mi frente.

Yo los había amado, quizás, bajo otro cielo,
pero la soledad, las ruinas y el silencio eran siempre los mismos.

Más tarde, en la creciente noche,
miraba desde arriba la cabeza inclinada de una mujer vestida de congoja
que marchaba a través de todas sus edades como por un jardín
antiguamente amado.
Al final del sendero, antes de comenzar la durmiente planicie,
un brillo memorable, apenas un color pálido y cruel, la despedía;
y más allá no conocía nada.

¿Quién eras tú, perdida entre el follaje como las anteriores primaveras,
como alguien que retorna desde el tiempo a repetir los llantos,
los deseos, los ademanes lentos con que antaño entreabría sus días?

Sólo tú, alma mía.

Asomada a mi vida lo mismo que a una música remota,
para siempre envolvente,
escuchabas, suspendida quién sabe de qué muro de tierno desamparo,
el rumor apagado de las hojas sobre la juventud adormecida,
y elegías lo triste, lo callado, lo que nace debajo del olvido.

¿En qué rincón de ti,
en qué desierto corredor resuenan
los pasos clamorosos de una alegre estación,
el murmullo del agua sobre alguna pradera que prolongaba el cielo,
el canto esperanzado con que el amanecer corría a nuestro encuentro
y también las palabras, sin duda tan ajenas al sitio señalado,
en las que agonizaba lo imposible?

Tú no respondes nada, porque toda respuesta de ti ha sido dada.

Acaso hayas vivido solamente
aquello que al arder no deja más que polvo de tristeza inmortal,
lo que saluda en ti, a través del recuerdo,
una eterna morada que al recibirnos se despide.

Tú no preguntas nada,
nunca, porque no hay nadie ya que te responda.

Pero allá, sobre las colinas,
tu hermana, la memoria,
con una rama joven aún entre las manos,
relata una vez más la leyenda
inconclusa de un brumoso país.



Poema en la voz de
Blue

2 dejaron su huella:

Alma Mateos Taborda dijo...

Brillante poema con metáforas e imágenes estupendas. Aplaudo tu genial talento. Felicitaciones! Un abrazo.

Mayte_DALIANEGRA dijo...

¡Hola, Blue!Hermoso poema de Olga Orozco que no conocía, escucharlo en tu voz ha sido todo un placer, como placer ha sido tu visita a "mi casa", que es ya la tuya. Mil gracias por tan precioso comentario. Este blog tuyo es del estilo de uno de los míos, de "Música y Poemas", (que tengo junto con mi Jesús), y donde, aparte de publicar nuestras propias y humildes poesías, y de poner algunos vídeos de la música que nos gusta, colgamos los poemas de nuestros poetas favoritos, aunque siempre nos quedaremos cortos, porque el mundo de la poesía es vasto y tenemos aún tanta belleza por descubrir...Un beso fuerte desde España, amiga chilena y pasa un estupendo fin de semana.