Mostrando entradas con la etiqueta Mia Gallegos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mia Gallegos. Mostrar todas las entradas

domingo

Toco la carta suavemente



Toco la carta suavemente. El mago murmura
algunas palabras que no entiendo. Dice que
la mujer del coche soy yo.

No puedo lanzarme desde aquí, aunque quisiera
tener el valor de hacerlo. Soy yo, la mujer,
esta criatura mágica que tira de las riendas
de este coche, sin haber descubierto nunca
quien las puso en mis manos.

No comprendo cuál es mi papel. Lo cierto es que
estoy aquí desde siempre, en lo alto, mirando
hacia adelante, sin parar, sin hacer un solo
momento de tregua. No puedo hacerle concesiones
a nadie. Estoy aquí yeso me basta.

Quiero que otra persona venta de pronto.
Pero no. Nadie podría atravesar conmigo
tantos lugares, tan altos, tan angostos y
gigantescos sueños, aquí conmigo en este
coche.

Temo perder las riendas. Si alguien viene
podría adueñarse del coche, de los dragones
y también de mí. Necesito llegar lejos, a
las cumbres, a las puertas azules de los montes,
o quizás más alto aún: a las nubes.

Temo quedarme sola; sin embargo no puede
detenerme.
Es el destino ya ese sitio se llega a oscuras
en la ceguera total. Tiene que haber un final, por
eso continúo mi ruta, mi viaje total con las
estrellas. ¿Cómo será ese fin? ¿Será la muerte
líquida, será la muerte blanca, la de la creación,
la que me aguarda, o será la muerte-muerte?

Basta, no importa ya nada. Tengo mi alma y el
coche en movimiento. Soy la mujer que dirige
un carruaje con los dragones de Medea. Sé hacia
dónde voy. Si alguien pregunta por mí, díganle
que me vieron pasar, que salí al alba y que no
regreso más.

Poema
en la voz de
Blue

sábado

Coreograf´ia



En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.

Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.

Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.

Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.

Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.

Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.

Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.

Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.

No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.

Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
a punto de vivir.

Poema
en la voz de
Blue